El Recorrido del Marxismo en el siglo 20
Introduccion

INTERVENCION DEL PROFESOR :

PEDRO SOTOLONGO

Buenas noches. Quiero darles un saludo caluroso y también, por qué no, un saludo revolucionario; teniendo en cuenta que quien nos convoca a ustedes y a mí en la noche de hoy es Ernesto Guevara. Quiero comenzar por decir que el tema que está indicado para la clase de hoy se denomina "El recorrido del marxismo en el Siglo XX, los aportes de Ernesto Guevara", por supuesto quiero que lo tomen como mi visión de este recorrido y de estos aportes. Yo no pretendo decirles a ustedes "el" recorrido ni "los" aportes, sino mi visión de ese recorrido y esos aportes. Aprovecho también para aclarar que todo lo que yo exprese esta noche responde a un criterio estrictamente personal, y quiero que lo tomen así. El tema, por otra parte, en la media hora que los panelistas tienen a su disposición, no puede ser tratado con mucho detalle. Solamente el tema de una visión mía, o de quien se trate, tiene que ser una visión panorámica. Tendríamos que estar reunidos varias noches para poder tratar en profundidad un tema tan complejo como el recorrido del marxismo en el siglo XX y los aportes del Che. Si vamos a hablar del recorrido del marxismo en el SIGLO 20, habría que comenzar expresando el criterio o la concepción que uno tenga de lo que es el marxismo. Muy brevemente daré la mía. Para mí el marxismo es un accionar dirigido a la transformación radical de la sociedad, en aras de los intereses de las clases desposeidas, las clases trabajadoras. Y al mismo tiempo, articulado con ese accionar, un cuerpo de saber orientado precisamente a conceptualizar interpretativamente la praxis socio-histórica de lucha de esa clase desposeída con el fin de iluminar el camino de ese accionar. Eso es, para mí, el marxismo. Por otra parte, el transcurso de este siglo ha puesto de manifiesto algo que para los propios marxistas no era del todo evidente quizás, al principio de este siglo. Y es que la realidad de los hechos muestra que dentro de esa visión general que pueda -por ejemplo, yo- uno tener del marxismo, caben más de una variante, más de una interpretación concreta, más de un accionar concreto, que intente plasmar esa visión y esa defensa de los intereses de la clase desposeída. Es decir, a lo largo de este siglo, por lo menos, sobre todo después del fallecimiento de lo que hemos dado en llamar "los clásicos del marxismo" -Marx, Engels y Lenin-, si no antes ya, incluso, se puede reconocer a mi juicio más de una vertiente del marxismo. O más de una interpretación del marxismo. Y el recorrido de esas diferentes versiones o vertientes del marxismo en el siglo XX ha sido diferente. Por lo tanto yo diría, que el tema que nos convoca esta noche es el de "los recorridos de los diferentes marxismos que han tenido lugar en el siglo 20". Yo pienso que se pueden distinguir, por lo menos, entre lo que podríamos llamar -teniendo en cuenta la elaboración, la interpretación y la aplicación de la conceptualización marxista-, en un curso de acciones concretas, un marxismo creativo y un marxismo no creativo. Un marxismo creativo en el sentido de la correlación tan importante en un accionar y en un pensamiento que tienen como objetivo la transformación de la realidad, en aras de los intereses de los desposeidos; partiendo de una cuestión tan importante como es la articulación entre ese accionar y la teoría -que pretende guiar- y viceversa, y ese accionar que debe iluminar. Desde ese punto de vista, de la correlación y la articulación entre la conceptualización teórica y el accionar práctico del marxismo en el siglo 20, es que precisamente entre otros criterios se pueden distinguir estas diferencias. En lo que he denominado el "marxismo creativo", esta articulación -y de ahí el adjetivo de "creativo"- entre teoría y práctica, siempre mantuvo un grado de correlación significativo. Partiendo de la praxis concreta, socio-histórica, de una u otra región del planeta, se conceptualiza, se interpreta; y a partir de esa conceptualización se intenta iluminar el tramo más cercano, por lo menos, de esa praxis. No todo el marxismo del SIGLO 20 tuvo esa correlación creativa, partiendo de la praxis concreta de la gente que intentaba transformar la sociedad, y su conceptualización. De ahí que hablemos también de un marxismo no creativo, o más peyorativamente, de un marxismo dogmático, o de una vertiente del marxismo no creativo o dogmático, a partir de cierto momento del SIGLO 20. Dentro del marxismo creativo, es decir, que presentó o presenta una significativa correlación adecuada entre su praxis y su teoría, tenemos que distinguir también a aquel que se desarrolló en paises geográficamente incluidos en Europa -sobre todo en Europa oriental-, quizás sobre todo hasta la muerte de Lenin, y otro marxismo creativo que parte también de las realidades socio-históricas pero, en este caso, del Tercer Mundo. Entre ellos, de América Latina, también de Asia, y que se desarrolló a principios de siglo, por ejemplo, en América Latina, con la figura de Mella en Cuba, de Mariátegui en Perú, de Aníbal Ponce en Argentina, de Recabarren en Chile, y otros. Y que es retomado a partir de diferentes movimientos sociales, entre ellos la Revolución Cubana, en el último tercio de nuestro siglo. Y otra vertiente que podríamos llamar de marxismo creativo, pero mayormente desde las universidades o de centros de reflexión, es decir un marxismo creativo en el sentido de que se nutría de las experiencias de la praxis de transformación social pero académicamente; es decir, que al mismo tiempo no estaba vinculado directamente con la aplicación práctica de esos desarrollos hasta cierto punto creativos de la teoría, en la lucha concreta política y de masas de los lugares donde esos intelectuales y esos investigadores desarrollaban más o menos creativamente en la teoría. Entonces, durante este SIGLO 20 tenemos un marxismo creativo y un marxismo no creativo. Y dentro de la vertiente creativa, un marxismo creativo elaborado sobre todo por revolucionarios políticos, y un marxismo creativo pero académico, elaborado sobre todo por intelectuales honestamente interesados en la defensa de los intereses de la clase desposeída, pero de manera más o menos desvinculada de la aplicación práctica de esa elaboración más o menos creativa en la lucha de masas, o en la lucha partidista, o en las luchas revolucionarias concretas de los mismos lugares en que se elaboraron. Y tenemos la otra vertiente del marxismo no creativo o dogmático que se desarrolló sobre todo, y paradójicamente, después de la toma de poder en algunos paises, en Europa oriental. Geográficamente hablando, estas vertientes pudieran interpretarse, con el caso del marxismo dogmático, el marxismo de los paises del socialismo real, o marxismo del DIAMAT en Europa oriental. En el caso del marxismo creativo pero mayormente académico, geográficamente esta muy vinculado a la realidad del marxismo llamado occidental, de Europa occidental: alemán, italiano, y en menor medida anglosajón. En relación al marxismo creativo tenemos, hasta la muerte de Lenin, lo que considero que es un marxismo crítico y creativo en Europa oriental. Y que lamentablemente, después de la muerte de Lenin, no continuó siendo creativo. Y también, a partir de las décadas de los años 20 y 30 en América Latina, con aquellos pensadores y activistas revolucionarios que mencioné -como Mella y Mariátegui- directamente vinculados con las organizaciones políticas de su tiempo, con la praxis concreta de sus lugares. Y concretamente, sobre todo a partir de la revolución cubana, la china, la vietnamita y la coreana, un marxismo creativo que parte de las condiciones socio-históricas concretas de Cuba, de China, Vietnam y Corea: lo que podríamos denominar un marxismo creativo tercermundista. Y se diferencia, porque parte de realidades históricas diferentes, revolucionarias y tercermundistas, incluso del marxismo creativo de Europa posterior a la muerte de Rosa Luxemburgo, de Lenin. Por lo tanto, en mi visión se trata de los recorridos del marxismo en el S. XX. Qué caracteriza, entonces, estos diferentes recorridos, estas diferentes interpretaciones y accionares marxistas concretos?En el caso del marxismo no creativo, dogmático, se caracteriza sobre todo por una interpretación y una aplicación de la concepción marxista que en lugar de partir y nutrirse de la praxis socio-histórica concreta, sobre todo de los paises que apreciaron la construcción del socialismo -la URSS a partir del l7, y los demás paises socialistas después, Mongolia un poco después y los demás paises europeos orientales después de la II Guerra Mundial- después de la muerte de Lenin este marxismo se fue convirtiendo en un marxismo que en vez de nutrirse de la praxis -y mientras Lenin vivió esto fue así, con todos los aciertos y todos los errores que todo revolucionario comete, pero se nutrió siempre de la realidad y de la praxis de aquella incipiente URSS revolucionaria-. Con la muerte de Lenin en el 24 esto fue dejando de ser así. Y aquel enorme caudal revolucionario que desencadenó la Revolución de Octubre, que podía y debía haber potenciado la conceptualización marxista, producto de las deformaciones que todos ustedes conocen en aquel país, vinculadas sobre todo al stalinismo y a la figura de Stalin, con la represión interna que tuvo lugar en aquel país, se fue anquilosando, se fue desprendiendo de la práctica. Y se constituyó en un pensar marxista que le imponía a la práctica un montón de nociones, en gran medida, poco a poco, convertidas en apologéticas y en embellecedoras de una realidad, que cada vez se iba separando más de la práctica democrática y la práctica participativa. Esto es doloroso decirlo así, no crean que estoy diciendo algo que me guste decir. Sé que en este salón hay personas que jugaron, probablemente los mejores años de su vida en la defensa de ese país y de ese marxismo. Y desgraciadamente a mí también me unieron esos lazos con la URSS, país donde viví 10 años, y lo conozco muy bien, y tengo entrañables amigos y familiares ahí. Pero como decía Aristóteles: "Platón es mi amigo, pero la verdad me es más cara". La URSS me fue muy querida, pero la verdad me es más cara. Realmente hubo toda una deformación del pensamiento y de la acción en el marxismo de Europa oriental. Primero en la URSS y después a través del stalinismo en el resto de los paises de Europa oriental. Y eso trajo el derrumbamiento. Por supuesto no sólo eso, sino también las condiciones difíciles de la realidad del socialismo de aquellos paises, la hostilidad de todo el campo capitalista, toda la propaganda y la acción de propaganda ideológica... Pero eso también ha tenido lugar con respecto a Cuba, a Vietnam, a China, a Corea. Y paises, como Cuba, Vietnam y Corea, que son mucho más pequeños. Supuestamente, mucho más vulnerables económica, política e ideológicamente, a esos ataques y campañas del enemigo. Sin embargo, ahí están Cuba, Vietnam, Corea, China. Porque también hay que decir que hubo factores y deformaciones internas muy significativas, que hicieron que aquellos paises de Europa oriental, e incluso sobre todo la URSS -porque todos saben que el socialismo en Europa oriental, excepto en Yugoslavia, fue detrás del Ejército Rojo, después de la II Guerra Mundial-. Hubo deficiencias muy grandes en la práctica y en la conceptualización marxista de esos paises, que los hicieron vulnerables a la penetración ideológica y a las propagandas del enemigo. Deformaciones que no van a ocurrir, por lo menos en la misma medida, ni en Cuba, ni Vietnam, ni Corea, ni China. Y por lo tanto esos paises, a pesar de que están sometidos a la misma -o a veces más- virulencia de campaña antisocialista, se mantienen construyendo una sociedad de los trabajadores. Esta deformación del marxismo, dogmática, llevó a esos paises a un verdadero callejón sin salida. Callejón sin salida del cual la perestroika soviética fue, a mi juicio, un intento de salir. Pero un intento tardío, y un intento que además se implementó con muchos desaciertos. Y no soy de los que piensan que la perestroika no tuvo un surgimiento históricamente necesario; pienso que fue necesario. Y creo que, lamentablemente, fue un proceso que para haber tenido un desenvolvimiento -aunque la historia no es teleológica-, para haber tenido opciones más a su favor, tendría que haber tenido lugar antes. Y tardó demasiado. Y además ha hecho sentir los errores del equipo de Gorbachov: cierta subestimación de los problemas nacionales. Y además, que a diferencia de otro proceso reformador de un socialismo que también se había deformado, que se deformó con la Reforma Cultural -la llamada Revolución Cultural- del socialismo chino; sin embargo la nueva dirección china, el equipo de Deng Xiao Pin a partir de 1978 -siete años antes de la perestroika- emprendió su proceso. Y a mi juicio, fue un proceso más profundo que el de la perestroika soviética. Porque si éste empezó por lo político y dejó atrás lo económico, el proceso de reconstrucción china empezó con lo económico y fue después para lo político. Y a mi juicio la experiencia dice que ha sido un camino más sabio de reformar una construcción socialista deformada. En la URSS hicieron mucho hincapié, en la perestroika, en lo político, en la transparencia de la sociedad; y la economía se les quedó atrás. LLegó un momento que la radicalización del pensamiento político se complicó, y la apertura del pensamiento político en relación al stalinismo y a las reacciones anteriores más dogmáticas del marxismo de la URSS se fueron tan por delante de las realidades económicas -que son las que sustentan toda política- que el poder soviético no constataba las ventajas para él de esa reforma o reconstrucción de la perestroika. Y junto con una serie de errores que se cometieron, se caotizó el proceso de tal manera que abortó. Y todos ustedes saben lo que sucedió en 1990, que dejó de existir ese enorme país. En China, durante cierto tiempo, por lo menos hasta la época en que Mao dejó de ser lúcido y se apoderó del poder la camarilla de los 4, entre los que estaba la mujer de Mao, e hicieron creer que Mao todavía estaba gobernando cuando en realidad no estaba gobernando, porque ya estaba senil -y lo mantenían oculto-, se puso en marcha toda esa cuestión de la Revolución Cultural. La dirección china, tomada la dirección del PC por Den Xiao Ping y su equipo, comenzó la reforma del socialismo -que se había deformado-, que tenía la experiencia de partir de la praxis sociohistórica concreta del pueblo chino. Ya desde el 78 China emprendió el camino de un marxismo más creativo en condiciones muy difíciles, por supuesto. No exento de complicaciones, como lo que fue el incidente de la Plaza Tien Han Men, que a mi juicio evidencia también un cierto retraso en este caso de lo político con respecto a lo económico. Pero, evidentemente, no se les ha caotizado el país. Y ahí entra China intentando construir un socialismo acorde con las características de la realidad china. Por otra parte, en el llamado marxismo creativo tenemos que distinguir a la vertiente más bien académica de Europa occidental del marxismo italiano, francés, alemán, anglosajón, que no tuvo la característica del dogmatismo que tuvo el marxismo de la Europa oriental después de la muerte de Lenin. Y que incluso criticó muchos de esos errores, y criticó mucho al stalinismo. Pero era un marxismo que se desarrolló en condiciones no siempre armónicas entre los intelectuales que lo hacían y los políticos y partidos que estaban en el accionar práctico de la izquierda de dichos paises. En lo que tienen responsabilidad ambos, a mi juicio, tanto esos intelectuales como esas vanguardias políticas. En realidad, mucho desarrollo del marxismo occidental, de la Escuela de Frankfurt, del marxismo francés, del marxismo italiano -sobre todo el aporte de Gramsci, que no tuvo ese carácter académico, sino todo lo contrario, desde sus Cartas de la Cárcel, que estuvo bien vinculado a la realidad desgraciadamente opresora de su país-. Pero después de Lucacks, de Gramsci, de Lenin, de Rosa Luxemburgo, gran parte de ese marxismo, en la segunda mitad del siglo XX, se ha quedado realmente desvinculado de su posibilidad de aplicar prácticamente, en las luchas de barricada y en las tácticas y estrategias de los partidos políticos de aquellos paises. En lo cual, repito, creo que comparten la responsabilidad las vanguardias políticas de esos partidos y determinada actitud academicista de algunos de esos teóricos marxistas. Y en el caso del marxismo creativo tercermundista, después de aquella etapa de los 20 y los 30, tuvimos sobre todo a partir de los años 60, como fruto de la Revolución Cubana, de los años 50 como fruto de la Revolución China, de los años 60 y 70 como fruto de esa lucha en Vietnam y Corea, tenemos un marxismo que parte de las realidades concretas de estos paises. Y que sobre todo ha sido elaborado a través del accionar concreto y práctico en la lucha revolucionaria enconada por la construcción de una sociedad socialista tercermundista, por hombres revolucionarios como Mao Tse Tung, como Ho Chi Mihn, como Kim Il Sung, como Fidel Castro, como Ernesto Guevara.Cuando, a veces, los agoreros contemporáneos de la muerte del marxismo, del triunfo del neoliberalismo, de lo obsoleto del pensamiento marxista a partir de los años 90 tratan de desanimar a toda reflexión o toda praxis que se titule marxista, o que sin ser marxista sea legítima y honradamente en defensa de los intereses de la clase trabajadora, lo que quieren es reducir toda esta trayectoria del marxismo del siglo XX a la trayectoria y al fin de ese marxismo dogmático de Europa oriental después de Lenin, y a la obsolesencia supuesta de un marxismo académico en Europa occidental, que si bien tuvo ciertos rasgos de creatividad, no se articuló con las luchas populares. Pero olvidan, y además no están interesados en que nos percatemos de que además de esas dos vertientes del marxismo -la dogmática o no creativa de Europa oriental y la creativa pero en gran medida carente de articulación de este último medio siglo en Europa occidental-, existe y sigue existiendo después de la caída del Muro, toda la otra vertiente del marxismo creativo tercermundista: el marxismo de China, de Corea, de Vietnam y de Cuba. Y también el marxismo que en el resto de América Latina retoma la tradición de Mella y Mariátegui. Un marxismo que parte de las realidades cubana, vietnamita, coreana, china, argentina, boliviana, peruana, que no trata de reflexionar sobre esencialismo y universalismo sino sobre las experiencias concretas de lucha de esos paises; y a partir de ahí trata de conceptualizar esa praxis, de interpretarla y de iluminar el camino. Por eso, cuando nos quieren hacer ver que el marxismo ha muerto, no nos dejemos engañar. Sí, el marxismo dogmático de Europa oriental murió. Tenía que morir, y en gran parte tuvo culpa de morir. El marxismo academicista, en buena medida, aunque teóricamente no siempre dejó de ser creativo, de Europa occidental, en muchas cosas no nos sirve en América Latina. Sobre todo en el sentido de que parte de realidades que son diferentes a las de América Latina. Hay cosas que son asimilables siempre que se pasen a través del tamiz de lo posible, de las posibilidades de aplicación en las realidades del Tercer Mundo. Pero no ha muerto, sigue existiendo, esa otra vertiente del marxismo creativo que hubo en los años 20 y 30, que se renueva a partir de la segunda mitad del siglo, y nace en América Latina con Fidel Castro, con el Che Guevara, con Ho Chi Minh, con Mao. Y últimamente, en CHina, con las elaboraciones de Den Xiao Ping. Y cada uno, con sus virtudes y sus defectos, esos revolucionarios han desarrollado su labor en medio de una hostilidad enorme del enemigo, en medio del bloqueo, en medio de guerras, de difamaciones. No olvidemos la guerra de Corea, no olvidemos la guerra de Vietnam, no olvidemos la Gran Marcha China, no olvidemos la guerrilla en la Sierra Maestra de Cuba, no olvidemos Playa Girón, no olvidemos la crisis de octubre, no olvidemos el Período Especial y el recrudecimiento del bloqueo. Construir una sociedad socialista creativamente, partiendo de la realidad de Cuba, China, Vietnam y Corea, no es nada fácil. Y en esa lucha, en ese intento de no perder la creatividad, se tienen aciertos y se cometen errores. Y es cierto que todos ellos han tenido aciertos y errores, pero son parte de un pensamiento y de un accionar marxista creativo, que parte de la realidad del Tercer Mundo; y esa es la experiencia que tenemos que incorporar. Quiero enfatizar, que ese fue el marxismo del que se nutrió Ernesto Guevara, al cual yo tuve el privilegio de conocer personalmente, y tuve el privilegio de que fuera quien, junto con otros compatriotas, me enviara en 1961 a estudiar a la URSS. Y a ese accionar, a esa reflexión creativa del marxismo él aportó, en primer lugar y por encima de todo, el ejemplo de su propia vida, el ejemplo de una vida internacionalista, que no dudó un momento en dejar su patria argentina -de la que tampoco renegó- para irse a defender la revolución guatemalteca primero. Cuando tuvo que emigrar, producto del golpe de Castillo en Guatemala, llegó a México, se encontró con un grupo de cubanos a los que nadie conocía, que era guiado por un tal Fidel Castro -que nadie le conocía-, y que cuando se enteró de que iban a defender a Cuba en un pequeño yate se apuntó y se metió a enseñar. Y cuando aquellos médicos argentinos de la misma edad de la inmensa mayoría de los que están aquí presentes, tan desconocido como todos los que estamos aquí presentes; y ese hombre desconocido y de la misma edad de cualquier muchacho, en el transcurso de varios años se convirtió en eso que hoy en día casi algunos creen que es ya un mito, y que es el Che Guevara. El Che siempre partió de la realidad de los paises a los que brindó su concurso. Siempre defendió -y ese es otro aporte suyo al pensamiento marxista creativo- la necesidad, sobre todo en las realidades tercermundistas, de hacer mucho hincapié en dos cosas. Por una parte, en el desarrollo de la ciencia. Pero por otra parte, paralelamente y ante todo, el desarrollo de la conciencia, de la moral y de los valores, de esos hombres que aplicaban esa ciencia y esa técnica en la sociedad socialista. En Cuba el Che no se cansaba de reivindicar los valores, los estímulos morales -aunque no desconocía los estímulos materiales-. Esto se ha tergiversado mucho. Se ha dicho que el Che sólo reconocía los estímulos morales. El reconocía también los estímulos materiales, pero estaba muy claro de que no podía la construcción del socialismo, en las condiciones de Cuba -tan pequeña y tan cerca de un enemigo tan poderoso- basarse fundamentalmente en los estímulos materiales.Y en eso no se equivocaba. Cuba no hubiera podido resisitir,incluso cuando la URSS existía, los enormes ataques y los enormes intentosde penetración ideológica, política, si hubiéramos basado nuestro procesorevolucionario solamente en la estimulación material. En estos momentos,incluso, ya no existe esa URSS de la cual todos decían que éramos satélite.Valiente satélite, que cuando ya el sol -o la estrella alrededor de la cualsupuestamente daba vueltas- explotó, sigue dando vueltas. No sé quésatélite seríamos nosotros, si se acabó la estrella y el satélite sigueahí. Ahora que ni esa estrella existe, malamente podríamos haber seguidoexistiendo nosotros ya siete años. Y les aseguro que es difícil transmitir con palabras lo que ha significado para el pueblo cubano esto que llamamos período especial. Si no hubiera una reserva de valores, de sentido de la justicia social, de la dignidad nacional, del sentimiento solidario de los cubanos y de la capacidad de sacrificio, a todo eso nos ayudó mucho el Che; a forjar nuestra conciencia, de aquella generación y de las subsiguientes. Difícilmente nuestro pueblo hubiera podido resistir sin eso. Por lo tanto,creo que la mayor contribución que ha hecho el Che, además de su ejemplo de lucha, de internacionalismo imperecedero, y de ser un hombre que siempre dijo lo que pensó, hizo lo que dijo. Y eso que se dice tan fácil es algo que muy poca gente hace: decir siempre lo que piensa y hacer siempre lo quedice. Ese fue un gran aporte del Che al marxismo. Y ese otro aporte, que fue el hincapié en las condiciones del Tercer Mundo, que hay que partir siempre de las condiciones concretas de cada país para la lucha revolucionaria, no copiar modelos foráneos. Y además, hacer hincapié siempre en la formación de los valores, de la conciencia, ayudándose de los estímulos morales -no hacer de los estímulos materiales lo fundamental en la incentivación de los hombres que construyen el socialismo-. Quiero terminar diciendo que si ustedes me permiten tomarme el derecho de expresar algún deseo, sobre todo a los jóvenes que están aquí presentes, les diría que mi deseo es que siempre piensen con su propia cabeza. No piensen con la cabeza de nadie, ni siquiera la de alguien que pueda estar sentado en una mesa como yo ahora. Piensen siempre con su propia cabeza, y diluciden una cuestión para cada uno de ustedes; dilucídenla como ustedes quieran dilucidarla, es su derecho. Qué intereses van ustedes a defender usando la cabeza y el criterio propio? Los intereses de los oprimidos y los explotados o los intereses de los que oprimen y de los que explotan? Y con eso se define todo. Por ahí pasa, en un momento de la vida de cada uno de ustedes -como pasó por la mía- el resto de sus vidas. La decisión será de ustedes y nadie puede obligarlos a hacer la suya. Por supuesto, ustedes saben cuál es la que yo desearía que ustedes hicieran. Pero lo que yo deseo es que se queden sin responder, sin ninguna duda, a esa pregunta. Que no se queden en un terreno intermedio. Y que busquen la manera, entonces, si la respuesta que ustedes se dan es la de defender los intereses de los oprimidos, de qué manera funcionan hoy en día en la realidad argentina -porque ustedes son argentinos- los mecanismos de la opresión y de explotación. De manera que ustedes puedan contribuir eligiendo el criterio propio, desde el marxismo o desde otras corrientes políticas a acumular formas de poder alternativo, de creación de hegemonías y bloques alternativos que puedan articular las masas populares, las organizaciones revolucionarias, la cultura argentina, los movimientos estudiantiles e intelectuales, en la defensa desde abajo, en la creación de áreas de poder alternativo. Que sepan desarrollar una concepción de poder y del estado no instrumentalista, sino una concepción realmente productora y productiva del estado y del poder; para que puedan contrarrestar al estado y al poder que oprimen a los trabajadores en estos momentos, bloques alternativos de poder que puedan contrarrestar ese poder y que puedan defender los intereses de los oprimidos.

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