Sector de la revista Alfaguara forma la Tendencia Marxista

Ponencia sobre Uruguay (*)

Quiénes somos

En abril de 1992 nos contamos entre los fundadores del Centro de encuentro y Estudios Carlos Marx. Este consideró elementos imprescindibles y definitorios de su constitución, el reconocimiento de la existencia de la lucha de clases y la necesidad de la revolución socialista. Su convocatoria expresaba que «no es un proyecto academicista, sino ligado a los problemas y a la actividad cotidianos». Los 15 números de Alfaguara, récord nacional para una revista independiente de estructuras político-partidarias, más diversas tareas, dieron vida al proyecto. En diciembre de 1994, ante una de las reiteradas crisis, advertimos en documento interno: «El equipo estable del Centro tiene una legítima preocupación ideológica ante múltiples temas (...). Pero es incapaz de atender adecuadamente la contradicción que amenaza desembocar en la ruptura: no resuelve la implantación de un estilo comunista en sustitución del individualista pequeño-burgués. El estilo comunista implica subordinar los intereses individuales al colectivo, practicar una ética fraterna y solidaria, ser respetuosos, disciplinados, discutir primero y resolver después. Parte del concepto que la clase trabajadora necesita generar una organización democrática y eficiente. En suma, ética y organización concebidas al servicio de la clase y de los explotados». Y se culminaba; «Ha llegado el punto de no retorno (...) varios renunciamos a ser miembros del Comité de Redacción, del Consejo Editor, y a la responsabilidad de Redactor Responsable. Incapaces de lograr colectivamente ese estilo respetuoso y fraterno, juzgamos plausible evitar votaciones traumáticas y luchas fratricidas por el control del Centro. Quedamos como colaboradores. Y dejamos voluntariamente a otros la continuación de la publicación. Pero, al mismo tiempo, proseguimos la militancia acorde a las propuestas ideológicas, políticas y organizativas que hicimos, entre las cuales destacamos: - la defensa de conquistas históricas obrero-populares (contra las privatizaciones, la reforma regresiva de la seguridad social, la enseñanza, la salud). - la denuncia de las pautas de integración capitalista (Mercosur). - el combate contra la reforma constitucional, enfilada contra la victoria de fuerzas no tradicionales, como el EO-FA. - la lucha contra el aburguesamiento de los moderados prestos a profundizar la conversión del Frente Amplio en un nuevo partido burgués de recambio. - la ubicación junto a los radicales en la defensa de posiciones clasistas y a la vez, el combate contra el sectarismo, el aventurerismo y otras manifestaciones antagónicas con el resurgimiento del socialismo. Globalización, Mercosur y Uruguay La tasa decreciente de la ganancia -presente desde hace más de dos décadas- aún no ha sido revertida por el sistema capitalista. Para salir de la fase depresiva el capital se transnacionaliza; modifica el proceso de trabajo mediante la incorporación de nuevas tecnologías, la masiva introducción de la mano de obra femenina, la implantación de sistemas más flexibles para las patronales y una nueva división internacional del trabajo. Esta se expresa a través de la formación de bloques económicos, en que las burguesías rivales de los países imperialistas asociadas a las dependientes, amplían algo los mercados reducidos por la pauperización y la marginación de las mayorías, a la par que aproximan la era de conflictos bélicos interimperialistas. La Iniciativa para las Américas (IPA) de Bush -zona de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego- trastoca el proyecto Sarney-Alfonsín de Foz de Iguazú (1985) quitándole cualquier resquicio de independencia. Cuatro días después de la aprobación del IPA nace el Mercosur, al que a los dos grandes sudamericanos se suman Paraguay y Uruguay. El tratado 4 + 1 expresa esa integración dependiente del capital transnacional latinoamericano al IPA. En la primera etapa el Mercosur (Tratado de Asunción, 1991) es una zona de Libre Comercio (eliminación de aranceles en el interior del bloque). En la segunda (Tratado de Ouro Preto, 1996) pasa a ser una Unión Aduanera imperfecta con la fijación de un Arancel Externo Común. Con Chile (1996) se ha acordado una Zona de Libre Comercio, paso tendiente a formar en América del Sur, una mayor en diez años. A su vez, el acuerdo entre la CEE y el Mercosur ha fortalecido la presencia europea en la región en competencia con Estados Unidos. Para Uruguay asume relevancia el Mercosur, agravando rasgos negativos precedentes, impuestos por el modelo neoliberal; el descenso de la actividad industrial (jaqueada por la mayor competencia externa y el aumento de las importaciones), agregado al estancamiento agropecuario aumenta el peso relativo del sector servicios, rol al que se le constriñe en la región. A su vez, la dependencia respecto a sus vecinos aumenta: el Mercosur concentra el 50% del comercio uruguayo total y el 55% de su déficit comercial en 1994. Las consecuencias sociales son graves. Vale mencionar dos hechos relevantes: - En 1993 la industria está 9 por debajo de las cifras de 1980. En 1995 quedan 70.000 obreros fabriles, y el Presidente de la Cámara de Industria advierte que el sector desaparecerá. - Crece la población que vive de la economía informal. Hay 300.000 informales puros (30% de la población activa). Si se les suma los que tienen empleo y completan ingresos en el sector informal, se llega a 500.000. Además hay 150.000 desocupados, lo que redondea alrededor de 700.000 fuera de la economía tradicional, la mitad de la población trabajadora (1). Datos del Instituto Nacional de Estadística para el trimestre mayo- julio del 96 sitúan la desocupación en el nivel más alto desde 1984: 13% de la población activa. La política impuesta por los órganos rectores del capital transnacional -Banco Mundial, FMI y OCM- agrava a extremos desconocidos la situación de las grandes mayorías, y cuestiona la relativa independencia nacional. Uruguay se hunde en una dependencia cada vez mayor respecto de los grandes centros capitalistas y aún de sus poderosos asociados del Mercosur. La crisis económica y el control político-institucional Las condiciones de trabajo y de salario empeoran: se concreta con la desreglamentación jurídica, o sea, la pérdida de derechos sociales, la desprotección, el trabajo en negro y el crecimiento de la economía informal o subterránea. La composición de género (empleo femenino), etaria (adolescentes, niños), cultural (reclutamiento en capas medias empobrecidas, inmigrantes), determinan mayor inexperiencia y desarraigo de las tradiciones clasistas. Para los marxistas el reto fundamental es recomponer la unidad social y política de la clase trabajadora, partiendo de la realidad, convirtiéndola de clase en sí en para sí. El bloque burgués preserva su dominación. Por tal entendemos la alianza de las burguesías imperialistas, de la burguesía transnacional latinoamericana, y sus testaferros ubicados en los aparatos de dominación (justicia, educación, fuerzas armadas, etc.) su estrategia contrarrevolucionaria global -liderada por el imperialismo norteamericano- se ha adaptado a diversas soluciones tácticas. Durante doce años (1973-85) sostuvo al régimen basado en la Doctrina de la Seguridad Nacional, de tipo fascista. Después, con el propósito de evitar que las oleadas democráticas populares desembocaran en revoluciones de contenido socialista, jugó la carga táctica de la democracia tutelada. La democracia tutelada es un régimen más limitado que la democracia liberal; en ella el régimen democrático aparece en la superficie, pero por debajo, como una verdadera estructura condicionante, ideológica, política, jurídica y militar domina la doctrina de la Seguridad Nacional y su aparato de instrumentación, las Fuerzas Armadas, sobre el que se agrava el control del imperialismo norteamericano. La consagración de la impunidad para los asesinos y verdugos de los regímenes seguristas, la coordinación represiva y la ejecución de nuevos crímenes como el del chileno Berrios en Uruguay, la intocabilidad de las Fuerzas Armadas, su hostilidad hacia el Frente Amplio, manifiestan su papel tutelar. Las Declaraciones estadounidenses de Santa Fe lo fundamentan. La democracia tutelada uruguaya ha estado dirigida por los partidos burgueses tradicionales, fieles intérpretes de los modelos recetados por los organismos rectores del capitalismo transnacional. El actual gobierno de coalición blanqui-colorado refuerza la política neoliberal y procura asirse a una barrera constitucional contra el eventual triunfo electoral de la izquierda. La democracia liberal burguesa y la democracia tutelada son formas en que se ejerce la dictadura de la burguesía. Por eso es una desviación derechista sumarse al enfoque liberal y contraponer democracia y dictadura. También debe reconocerse que la forma de la dictadura burguesa no es indiferente a los trabajadores y a sus aliados. En la medida que la democracia liberal, y en menor medida la tutelada, posibilitan mayores márgenes de libertades para los explotados y oprimidos, es correcto preferirlas a formas dictatoriales más duras, como el bonapartismo, el fascismo, o la dictadura militar. Pero no es legítimo embellecerlas, perdiendo de vista que son formas dictatoriales burguesas, y/o profundizarla o ampliarla hasta conseguir una democracia avanzada o tridimensional (económica, social y política). Tal profundización o ampliación significaría la modificación de su esencia burguesa; ninguna clase dominante deja que le arrebaten sus instituciones y privilegios sin desatar la guerra civil contrarrevolucionaria. Estas tendencias conciliadoras con el gran capital han aparecido en la interna del Frente Amplio con motivo de la reforma constitucional. Inmediatamente de las elecciones últimas los partidos tradicionales se preocuparon por reformar la constitución para alejar los riesgos de la victoria electoral de la izquierda. El instrumento se llamó balotaje, que constitucionaliza la unión de las derechas. A cambio, lógicamente la derecha debía ofrecer alguna zanahoria, ceder algo, para obtener lo que más quería. Hubiera sido preferible una negativa rotunda del Frente Amplio al intento de cerrarle el paso al gobierno. Pero se pagó tributo al integrismo al sistema, del acuerdismo como sea, a la lógica claramente expuesta por el diputado vertientista Enrique Rubio: «se puede sustentar la teoría que dice que nada hay que hacer en conjunto con los partidos tradicionales, que acá la cosa es clase contra clase, o la que dice que sólo nos podemos juntar con los partidos tradicionales en lógicas civiles contra gobiernos militares» (...). Pero creo que si esa tesis se lleva hasta sus últimas consecuencias, nos margina del sistema político y crea una situación que no es buena para el futuro político institucional del país». (El Observador, 14 de octubre). Después de perder tiempo más de un año el Frente amplio ha dicho no, y -con una minoría acuerdista contrapesando- deberá esclarecer el tema a una población desinteresada y desinformada, con poco más de un mes por delante. Entre tanto, bajo el neoliberalismo -tendencia dominante en el bloque burgués hegemónico- y en la democracia tutelada como régimen político, la lucha de clases adquiere nuevas modalidades. Por de pronto, aparece oscurecida, al tiempo que se multiplican otras luchas que involucran a diversísimos sectores de explotados y oprimidos. De allí el fortalecimiento de movimientos por la defensa de los derechos humanos, de los jubilados, de los jóvenes, de las mujeres, de la enseñanza, etc., frente a los cuales, como rasgo distintivo de la época, se aprecia la impotencia directriz de los partidos políticos. A su vez la nueva situación del capitalismo mundial, la desindustrialización acelerada del Uruguay, e inocultables errores de conducción, se combinan para determinar una formidable crisis del movimiento sindical. Errores han sido y son, las visiones concertantes con las patronales y sus gobiernos, pacifistas, legalistas, seguidistas, ignorantes de que la liberación de los trabajadores será obra de ellos mismos, o no será. El panorama de la izquierda De la heterogeneidad de la clase trabajadora, y del haz de clases, capas y sectores al que denominamos pueblo, emana la diversidad de sus organizaciones políticas. El Frente Amplio agrupa a diversas organizaciones políticas de los trabajadores y de las clases aliadas, y evidencia que la unidad social y política no se acompaña de unidad ideológica. La prensa burguesa con sagacidad lo divide en dos grandes tendencias, la moderada o reformista y la radical o revolucionaria. pero a esta diferencia estratégica se agrega otra, táctica, más perceptible: entre acuerdistas -con los partidos burgueses- y opositores, entre los cuales hay revolucionarios y reformistas. Por otra parte, la clase trabajadora no visualiza con claridad una vanguardia política. Una organización es de vanguardia cuando sus militantes se ligan profundamente a la clase, cuando navega contra las corrientes dominantes sin temor, cuando no transige en principios, cuando no acepta la inmutabilidad de ninguna institución establecida, y cuando actúa con honestidad, respeto y fraternidad ejemplares hacia todos los miembros de la clase y de sus aliados. Todo esfuerzo en tal dirección merece pleno apoyo. Algunas consideraciones de estrategia y táctica Pensamos que la estrategia revolucionaria es la que concibe al proceso -dirigido por la clase trabajadora- ininterrumpido, con objetivos anticapitalistas, antimperialistas, socialistas y comunistas. La que define la cuestión concreta de las transiciones -al socialismo primero, al comunismo después- a nivel internacional, regional y nacional. El programa estratégico y su relación con el programa de acción inmediato, táctico, que aproxima a esas metas, es una tarea de elaboración propia de la vanguardia marxista, pero quien lo aprueba en definitiva son las organizaciones de masas. Define al enemigo principal, determina los aliados en cada fase de transición -la inicial, entre el capitalismo y el socialismo en los países de escaso desarrollo de las fuerzas productivas, y la segunda, entre el socialismo y el comunismo- y prepara los planes para disponer nuestras fuerzas. Respecto a la primera transición, los bolcheviques en los años iniciales de la Revolución rusa, propusieron, «la posibilidad de pasar de manera diferente que en los demás países de occidente, a la creación de las premisas fundamentales de la civilización» (Lenin, Nuestra revolución (a propósito de las notas de N. Sujanov)»), como modo de engarzar el avance en la Unión Soviética con el avance revolucionario mundial. Sin embargo, esta teoría de la transición pronto fue sustituida por la tergiversación stalinista del socialismo en un solo país. En Uruguay la transición al socialismo es formulada inicialmente por Vivian Trías, como proceso ininterrumpido, con una fase preparatoria nacional y popular previa a la socialista. Parece nítido que la estrategia contra el capitalismo globalizado, ha de basarse en el internacionalismo; el primer objetivo político es refundar la Internacional, con estructura y funcionamiento democráticos y sin tutorías. En aras de ese objetivo estratégico es dable apoyar todo evento en que participen partidos de los trabajadores, como el foro de San Pablo, sin idealizaciones, conscientes de que las orientaciones socialistas revolucionarias están obligadas a una profunda y prolongada lucha contra las antisocialistas. Otra cuestión estratégica clave es afirmar que durante un período previsiblemente largo, los trabajadores tendrán que disputar la hegemonía a la burguesía. Lucha ideológica, política, cultural, moral, de aproximación y cerco a la fortaleza enemiga. Después -si media el agravamiento de las condiciones de vida de las mayorías y la elevación de la conciencia política de éstas- llegará el tiempo de la conquista del poder, del asalto a la fortaleza, de la gestación de un doble poder, como en las revoluciones burguesas (inglesa, norteamericana, francesa) o en las proletarias (Comuna de París, Soviets). La clase trabajadora y sus aliados tienen el derecho y el deber de preservar sus estructuras democráticas y de autodefenderse, conocedores de que la conquista del poder equivale a desestructurar un nuevo estado de los capitalistas, y a estructurar un nuevo estado al servicio de los trabajadores y de los explotados, del tipo de la Comuna de 1871 o de los soviets de 1917, en el que las masas sean las protagonistas directas del poder. Los marxistas no convocan a la violencia -excepto cuando se obstruyen los caminos de la lucha legal, recogiendo un legado que proviene de los propios teóricos burgueses- aunque tampoco aprueban paralizar la lucha obrera y popular por temor a la violencia del enemigo. La experiencia lejana y reciente enseña a diferenciar las expresiones armadas de la clase y del pueblo, de las pequeñoburguesas, blanquistas, expresivas de un vanguardismo por fuera de la acción de las masas. Además es conducta seria y prudente, la prevención y el combate contra la agresión imperialista, instrumentada mediante una cuidadosa preparación bélica y extra-bélica (guerras de baja intensidad, invasiones directas, etc). La táctica revolucionaria define el objetivo de la clase trabajadora en cada período de flujo o reflujo de la revolución, elige las formas de lucha y de organización, las consignas de propaganda y agitación, y combina las diversas formas de lucha y de organización para conquistar la victoria en cada movimiento y en cada lucha. Si la estrategia define a los aliados duraderos, para todo un período histórico, tan solo la táctica define a los aliados ocasionales, para acciones puntuales. Por un Espacio de Izquierda en el Frente Amplio El pueblo uruguayo enfrentará la disyuntiva de mantener gobiernos neoliberales o imponer la alternativa representada por el Frente Amplio-Encuentro Progresista. Nos parece adecuada la táctica -ajena tanto al acuerdismo y al reformismo, como al ultraizquierdismo antifrenteamplista- que plantea la lucha por la hegemonía dentro del FA-EP, de modo que las tendencias revolucionarias prevalezcan frente a las burguesas y pequeñoburguesas dispuestas a integrar definitivamente al FA y al EP al sistema. Esa lucha por la hegemonía vuelve imperativo constituir con amplitud un espacio que agrupe a la izquierda del FA, enfilado a la gestación de un partido de masas, antimperialista, anticapitalista y socialista. Ella es la tarea principal del período. Sólo con un espacio de izquierda fuerte, el pueblo se enriquecerá con la experiencia factible de un gobierno del FA-EP. Porque un gobierno de hegemonía frenteamplista, tensará la lucha de clases a niveles desconocidos en el país. La movilización y la organización en pos de este gobierno, la acción para el reconocimiento de la victoria electoral, y más adelante desde el gobierno, la lucha por el cumplimiento de las promesas hechas a las masas, o bien la denuncia de eventuales traiciones de los que temen a su propia victoria, son tramos a recorrer por esta izquierda frenteamplista. Esa lucha definirá a cada partido, movimiento, e individuo, consolidará la coalición de izquierdas en un partido de masas, y ubicará en el campo enemigo a quienes se visten con ropaje izquierdista para activas soluciones capitalistas. De momento el Frente Amplio se ha unificado contra el acuerdismo de Asamblea Uruguay, y de la Vertiente Artiguista. La actitud insolidaria de AU hacia Nicolini -cuyas denuncias horadaban los cimientos del acuerdismo- erosiona la figura de Astori. El eje dominante, el fiel de la balanza, con una concepción opositora tipo PSOE, se integra con el PS y en cierta medida con el PC. el PS se ha situado claramente en la oposición, pero rechaza acercarse a los radicales. La nominación de Tabaré Vázquez como Presidente del Frente Amplio -contra la velada oposición de AU- proyecta el rol opositor al gobierno, la reanimación de la actividad de las bases. Tras idas y venidas el Frente Amplio rechaza el acuerdismo en materia de reforma constitucional -una reforma hecha con alevosía para alejarlo de la posibilidad de ganar la elección- en votación dividida en el Plenario -82 a 49- contra la opinión de AU, la VA y Seregni. Pero si el espacio de la izquierda del Frente Amplio no nace y se desarrolla, se arriesga terminar como administradores de la crisis. Ahora bien, los partidos y movimientos de la izquierda radical, por sí mismos, carecen de fuerzas para evitar el proceso de entrega. De allí la conveniencia de desarrollar un espacio, el de la izquierda del Frente Amplio. Un espacio de confluencia de independientes y de partidos o movimientos con definiciones antimperialistas y anticapitalistas. Un espacio de confluencia para movilizar, organizar, concientizar. Un espacio que aplique ante todo, para sí mismo, criterios democráticos. que no fuerce a nadie a decisiones no compartidas, muy amplio, libre de coacción de los aparatos, que intercambie posiciones y prácticas, que coordine, que ejecute tareas decididas. Un espacio que recupere la interpretación clasista y que se sumerja en la práctica viva de los obreros, trabajadores y del conjunto de las clases, capas y sectores populares. Un espacio antimperialista, anticapitalista, que defina la relación gobierno y poder, que rechace las privatizaciones, que promueva los plebiscitos populares. Un espacio que asegure el aval del reconocimiento de las masas si el FA se empantana en el acuerdismo burgués. Mientras, la derecha actúa. tiene perdida la batalla por un FA dominado por Seregni-Astori. Y, por si gana un FA opositor, acelera el vaciamiento del Estado, de modo que su gobierno no disponga de recursos estatales para enfrentar al capital transnacional y así poderlo paralizar, como se hizo con Allende. Las tareas inmediatas

En síntesis, se hace necesario la lucha por la hegemonía social y política en el largo plazo, sin descuidar la situación concreta en el corto plazo, la oposición a la reforma constitucional y la lucha por un gobierno del FA-EP. Toda empresa de los trabajadores para disputar la hegemonía ideológica, política, cultural ala burguesía, debe estimularse. A la vez, hay que generar ya este Espacio de la izquierda. Pero tanto para el largo como para el corto plazo, no vale pensar en términos uruguayos, sino regionales, continentales, mundiales. Todo evento o tarea que reúna organizaciones de los trabajadores, y naturalmente a las marxistas, es tan fundamental como las anteriores. Octubre de 1996 (*) Texto presentado al Encuentro de Organizaciones revolucionarias del Cono Sur con motivo del 5º aniversario de Crítica

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