Argentina :
ELECCIONES - UNA VICTORIA POLITICA
de los EXPLOTADORES
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Tomado de Prensa Obrera:
Tomados en su conjunto, los resultados electorales no dicen nada que no se haya sabido durante la campaña electoral. Las encuestas señalaron desde el principio que el pelotón estaba encabezado por los candidatos que representaban al viejo régimen y que el ballotage tendría lugar entre dos fracciones perfectamente caracterizadas de la burguesía. Estas fracciones se pusieron en evidencia en las elecciones de la UIA y en las divisiones que tuvieron lugar entre los banqueros y en la Bolsa.

Contrarrevolucionarias

Las elecciones cumplieron el rol que el Partido Obrero les adjudicó desde el primer momento: una tentativa de la burguesía y del imperialismo (fueron reclamadas por el FMI y el "Grupo de los 7") para restaurar la autoridad del Estado quebrantada por la bancarrota económica y la rebelión popular. La lucha entre poner fin al gobierno de Duhalde y convocar a una Asamblea Constituyente soberana, por un lado, y, convocar a elecciones en el marco político del viejo régimen, fue ganada por este último. La convocatoria electoral logró encauzar a las fracciones enfrentadas del peronismo, cuando la división de éste parecía bloquear la salida electoral. Para lograr este objetivo el gobierno de Duhalde logró armar un compromiso inestable con el FMI y los banqueros y confinar la lucha popular al movimiento piquetero y a una parte de las fábricas ocupadas. La perspectiva de un encauzamiento político por vía electoral logró mantener el empantanamiento económico, o sea evitar nuevas recaídas, por la vía de la tregua entre los diferentes intereses capitalistas afectados por la bancarrota económica. El éxito del plan electoral consistió en patear la pelota para adelante y dejar el desenlace de la crisis en manos de un nuevo gobierno. Lejos de poner fin al derrumbe capitalista, las elecciones son el preámbulo de un nuevo estallido.

Al imponer una salida electoral en los viejos marcos, la burguesía impuso al mismo tiempo su agenda política: la reorganización del país pero sobre las viejas bases. Una agenda que tuviera como eje a Brukman y a la gestión obrera, o la expropiación de Lapa y la nacionalización de los bancos, o que planteara el reemplazo de las instituciones políticas, era incompatible con elecciones convencionales; la "democracia" no la habría resistido. Duhalde fracasó en querer imponer su agenda mediante la represión en Puente Pueyrredón, pero al final ha tenido éxito en hacerlo por una vía indirecta o desviada. El movimiento piquetero, por su lado, no pudo transformar su victoria contra la represión criminal en una salida política propia; su mayor esfuerzo en esta tentativa culminó con la concentración de Plaza de Mayo en conmemoración del 20 de diciembre.

El "cambio" sobre viejas bases

Los resultados electorales son, precisamente, un voto por la reorganización del país sobre las bases antiguas. Este es el contenido social que tiene el "mal menor". Es muy claro que la evolución que ha tenido la crisis y el resultado de la lucha entre las clases y partidos ha limitado la conciencia del electorado a votar por una propuesta de cambio pero dentro de los moldes sociales y políticos vigentes. Ganaron los representantes del viejo régimen que pusieron fin a la convertibilidad y se han identificado con el "default", la pesificación y el "cambio del modelo". Los votos de Kirchner, Rodríguez Saá, Carrió y Moreau superan a los de Menem-López Murphy.

Los límites de esta seudoreorganización son descomunales y ya se han puesto de manifiesto bajo Lavagna: la hipoteca nacional, la quiebra financiera y el pago de la deuda externa son incompatibles con una real salida a la crisis, ni qué decir con una transformación que elimine la desocupación y pobreza en masa.

Las elecciones han sido un registro político, pero de ningún modo una expresión de soberanía popular. Para que ocurra esto último deben existir condiciones de deliberación política irrestricta y el propio poder político debe estar en manos de la mayoría explotada. El electorado ha votado dentro de los marcos sociales y políticos que ha encontrado y que son el resultado de la lucha política precedente a las elecciones. El voto no puede alumbrar una revolución social que no hubiera tenido lugar antes de que fuera emitido.

Contra la misma piedra

Dentro del tema del balance electoral se destacan los votos de López Murphy en la Capital, el derrumbe del voto en blanco y la votación marginal de la izquierda. En el primer caso, un elevado porcentaje de la clase media que se movilizó para poner fin a De la Rúa votó nada menos que por el círculo íntimo y el entorno del propio De la Rúa. A nadie se le escapa que, con la incorporación a su elenco de Patricia Bullrich y del ex secretario de Turismo Héctor Lombardi, en la candidatura de López Murphy se alojó el equipo de los "sushi" que pagó la coima del Senado y que llevó a De la Rúa al derrumbe. Lo que es incluso más interesante es que los votantes de López Murphy fueron inspirados por las mismas motivaciones que los llevaron a votar a De la Rúa en el ’99 (e incluso antes): la honestidad administrativa. Este verdadero acto de autismo político condena a este sector de la clase media porteña a sufrir nuevos desengaños y, peor, confiscaciones. De todos modos, ha votado en función de sus intereses de clase, no solamente porque aspira a una reorganización puramente capitalista del país sino porque la caída del dólar en las últimas semanas le hace creer que podrá recuperar sus ahorros sin pérdidas patrimoniales.

El estruendoso fracaso del votoblanquismo es un fenómeno interesante, porque realmente se desmoronó en los últimos días cuando quedó en evidencia que no tenía ninguna gravitación política. Se quebró así el mito de que la abstención sería de por sí revolucionaria, o sea con independencia de las condiciones políticas. El Partido Obrero fue el único que advirtió tempranamente el derrumbe del abstencionismo; otros partidos de izquierda, en cambio, sólo desecharon la abstención porque son electoralistas por principio.

La izquierda y el Partido Obrero

La bajísima votación de la izquierda fue advertida por los encuestadores desde el comienzo. Es probable, pero de ningún modo seguro, que esta baja votación sea un castigo del electorado por la falta de un frente de izquierda. La polarización entre los candidatos del viejo régimen podía igualmente haber prevalecido en los mismos términos incluso con un frente de izquierda. La ausencia de este frente, en todo caso, puso de manifiesto el fuerte error de caracterización de Izquierda Unida, que venía sosteniendo que Argentina (y en primer lugar IU) sería alcanzada por la onda de izquierdización electoral que se había manifestado en Bolivia, Brasil y Ecuador y que está presente como posibilidad en Uruguay. Al final se impuso el dicho de que no hay que comerse ninguna torta que no haya sido previamente horneada.

Los militantes del Partido Obrero supimos desde el primer momento dos cosas: que se había impuesto el terreno que quería la burguesía y al cual nos habíamos opuesto y habíamos combatido; dos, que la campaña electoral debutaba con una intención de voto menor por la izquierda y por nuestro partido. Sabíamos, asimismo, que las elecciones iban a dar un resultado político ilusorio, porque no resuelven la bancarrota del régimen, que deberá pasar por más crisis y por nuevas confrontaciones. Aun con esta claridad y con esta conciencia, la expectativa era bastante mayor que la recogida por el simple motivo de que el PO había crecido fuertemente en los últimos años y por su lugar en el protagonismo popular. Colocado el problema en estos términos, sólo un debate amplio entre todas las organizaciones y militantes del PO podría producir una verdadera clarificación. Es lo que haremos. De todos modos, nuestro partido no ha conquistado aún una identidad de alcance histórico en el seno de las masas y es por eso que no cuenta con un voto "cautivo" o identificado ideológicamente. Las votaciones por el PO reflejan fuertemente la coyuntura en que tienen lugar y la fuerza organizada que hayamos alcanzado; no contamos con un capital de reserva. Eso es todavía algo que tenemos que conquistar, lo que ocurrirá inevitablemente en el marco de nuevas crisis y de nuevas confrontaciones.

Precisamente por esto importa ver cuáles son los escenarios que emergen de esta elección.

El primero sería que se afirme la tendencia a recuperar la autoridad del Estado y que, de aquí a fin de año, se produzca una suerte de "normalización política" a través de las elecciones provinciales. En este caso, deberemos dar toda la prioridad a la lucha en este campo, lo que significa que habrá que poner al día las cuestiones reivindicativas y que nos esforzaremos en agrupar en torno de ellas a todos los sectores en lucha para conquistar posiciones representativas. Para llevar adecuadamente adelante esta tarea es necesario reforzar al PO, formar a los cuadros que han emergido en las luchas y profundizar la campaña de clarificación de posiciones y de agrupamiento de fuerzas. Es muy probable que cobre fuerza en la izquierda una adaptación al nuevo escenario político y, con ello, la tendencia a los frentes centroizquierdistas o al electoralismo sin principios. El frente de los socialistas de Bravo, Carrió, la Cta (Claudio Lozano), sectores de Kirchner, todos ellos con Ibarra, es una clara manifestación de adaptación a una variante como la descripta.

El otro escenario es que las elecciones sean un episodio aun más breve dentro de la crisis, como lo hace prever, por ejemplo, el fin de la mentada reactivación de Lavagna y las presiones de la banca internacional para poner fin a la cesación de pagos de la deuda pública. Las próximas instancias electorales podrían tener lugar igualmente, pero en este caso en condiciones diferentes a las elecciones recientemente realizadas. En esta variante volvería al primer plano el planteo de que se vayan todos y la reivindicación de una Constituyente con poder convocada por las organizaciones en lucha. La necesidad de transformar en luchadores políticos conscientes y socialistas a los miles de piqueteros y asambleístas cobra, en este caso, una importancia mayor aún.

Izquierda Unida, no logramos una diferenciación política

IU ha hecho una mejor elección que el Partido Obrero, si es que se puede hacer esta comparación frente a los bajísimos guarismos obtenidos. IU triplicó su votación de 1999, en tanto que el PO la aumentó en un 25%; pero comparado con los progresos realizados en las parlamentarias del 2001, el retroceso de IU ha sido más acentuado (una caída del 40% y 200.000 votos menos). Lo esencial no es, sin embargo, esto. Lo esencial es que nuestro partido no ha logrado (y no es la primera vez) dejar establecida ante el electorado la diferencia política entre el PO e IU; la comprensión de estas diferencias políticas está circunscripta a la vanguardia que lucha en el movimiento popular. Para el electorado, en cambio, la existencia separada de unos y otros responde a razones no políticas o programáticas - todos somos de "izquierda" - . IU y Patricia Walsh en particular se han empeñado en insistir en este prejuicio, asegurando de paso que el PO es "sectario".

El primer fracaso en producir esta diferenciación política ha sido que no pudimos dejar establecida la responsabilidad absoluta de IU por la no concreción de un frente de izquierda. La mayor parte de la opinión pública progresista, obrera o de izquierda no llegó a conocer las provocaciones y proscripciones montadas por la dirección de IU para impedir que se concretara el frente electoral. De modo que en un aspecto que fue considerado decisivo por los observadores electorales - la des-unión de la izquierda - , no logramos clarificar las responsabilidades respectivas.

El otro aspecto del confusionismo reinante es la caracterización simplista que existe de IU. Por de pronto, casi todo el mundo desconoce el papel que los diputados del Mst y del Partido Comunista están jugando en Brasil, es decir su voto sistemático favorable a las medidas más reaccionarias de Lula (un reciente editorial de O Estado de Sao Paulo atribuyó la caída del riesgo-país de Brasil, no a la política fondomonetarista del gobierno sino al apoyo parlamentario que le ha dado la izquierda petista a proyectos como la autonomía del Banco Central, que está presidido por un hombre del Banco de Boston designado por Lula; en esta izquierda capituladora se destaca el diputado "Baba", máximo dirigente del Mst) (ver nota). Esto pone de manifiesto la profundidad de las tendencias proimperialistas que se esconden detrás del democratismo de izquierda o del izquierdismo socializante de IU.

En esta misma línea de confusión, muchos caracterizan a IU como un frente cuasi revolucionario que estaría reducido al PC y el Mst, o sea que se escamotea el peso enorme que tiene en IU y en la dirección del PC el Banco Credicoop y los representantes argentinos de Attac (Julio Gambina, Claudia Korol), una asociación internacional que propugna la reforma impositiva del capitalismo y un nacionalismo a la De Gaulle. No debe ser una casualidad que en los emprendimientos previsionales del Credicoop participen pulpos franceses del seguro. No fue solamente la dirección del Mst la que bloqueó furiosamente el frente IU-PO, siguiendo estrechos intereses de aparato, sino que también lo hizo el sector de los banqueros, que presionan para que IU "se abra al centro". El presidente del Credicoop, Carlos Heller, ha defendido intransigentemente los intereses del conjunto de la banca durante toda la crisis, incluso cuando integraba el triunvirato del Frenapo con la Cta. Este sector impulsa un frente con sectores centroizquierdistas e inclusive con Ibarra, a partir de sus negocios comunes con el Banco Ciudad. La dirección de IU oculta celosamente estas relaciones con los banqueros y nunca se ha dado por aludida frente a las denuncias que hemos hecho desde Prensa Obrera.

Por último, en IU están desarrollados los aspectos más negativos, e incluso reaccionarios, del frentismo de izquierda. En primer lugar, porque éste es visto como una construcción estratégica que debe reemplazar la construcción de un partido revolucionario. Es decir que plantea el movimientismo, en el cual lo que importa no es el contenido programático sino el "pluralismo" ideológico más extendido. El ejemplo más claro de este planteo es el Frente Amplio de Uruguay, que sostiene a los ojos de todo el mundo al moribundo gobierno de Batlle. Cuando IU acusa al PO de sectario no se refiere a que nos opongamos al frentismo como instrumento político concreto sino a que siempre y en toda circunstancia destacamos nuestro propósito de construir el partido revolucionario y a que relacionamos toda nuestra política a este objetivo.

En oposición a nuestra caracterización dialéctica, contradictoria, entre partido y frente, IU ha hecho una construcción frentista burocrática que está asentada en sucesivos pactos de repartos electorales. Como instrumento para la unidad de acción virtualmente no existe; es más, sus integrantes chocan entre sí con impasible regularidad. Dadas estas limitaciones, IU enfrenta la perspectiva de la disolución, como ya ocurriera en 1992, cuando se combinó con la desintegración del Mas. Frente a estas limitaciones, nuestra posición es reclamar la formación de un frente revolucionario, lo que significa romper con los banqueros y servir como instrumento de acción para la lucha contra el capital en la que están empeñados el movimiento piquetero, las fábricas bajo gestión obrera, las asambleas que se ligan a la lucha de clases, los sindicatos combativos.

La campaña electoral ha puesto de manifiesto una gran confusión respecto a la izquierda, lo que nos proponemos superar por medio de una firme campaña de propaganda.

"Izquierdistas reducen el ‘riesgo país’"

"La suba de los precios de los bonos continuó y el riesgo Brasil rompió el piso psicológico de los 1.000 puntos... Eso se explica principalmente porque los izquierdistas del PT aceptaron votar a favor del proyecto de enmienda constitucional (PEC) que altera el artículo 192, que reglamenta el sistema financiero nacional" (O Estado de Sao Paulo, 1/4).

Al tratarse ese proyecto - que le da autonomía al Banco Central, una exigencia del Fondo Monetario - varios legisladores de la llamada izquierda del PT "hicieron los previsibles discursos estridentes, pero todos votaron disciplinadamente como el Partido quería" (ídem, 4/4).

"Los izquierdistas del PT son asunto superado en la agenda política del gobierno. El encuadramiento de ellos en la aprobación de la enmienda constitucional mostró que el gobierno tiene, sí, el control del PT... Ya va a comenzar una nueva batalla en la prensa. Los izquierdistas ya andan diciendo que en la reforma previsional votarán contra el gobierno. Alegan que la votación de esta semana, en la que fueron debidamente encuadrados, no es prueba de que este comportamiento se repetirá siempre. Risueño engaño" (Folha, 4/4). El "encuadramiento" de la izquierda del PT le garantiza a Lula la aprobación de las grandes "reformas" prometidas al FMI, sobre todo la baja de las jubilaciones y una reforma laboral que busca reducir indemnizaciones.

Para la gran burguesía brasileña, el descenso de la tasa de riesgo Brasil a menos de 1.000 puntos no se debe a una mejoría en la situación económica, algo que no podría sostener, ya que la desocupación está en aumento y la economía no levanta vuelo. La razón es eminentemente política: la capitulación de los izquierdistas del PT, entre los que se encuentran legisladores que pertenecen al Secretario Unificado y al Mst argentino. Así, la burguesía y el imperialismo tomaron debida nota que los "izquierdistas" no van a darle un cauce independiente a la rebeldía creciente que se está incubando en el movimiento obrero y en las masas brasileñas por el carácter rabiosamente pro FMI del gobierno de Lula.

El peor resultado, los votoblanquistas

Ya los diarios se han e ncargado de enterrar al voto en blanco por motivos parcialmente válidos pero esencialmente equivocados. El contraste entre el llamado "voto bronca", que se llevó el 25% del padrón electoral en el 2001, con el magro 3% del domingo pasado, ha sido señalado como una expresión de que la rebelión popular anticipada en aquel rechazo, prácticamente se habría esfumado. Pero aunque es absolutamente cierto que el plan electoral del duhaldismo logró encauzar la "bronca" de ese voto hacia aguas mucho más mansas, el derrumbe del votoblanquismo tiene que ver con sus propias limitaciones, o sea la protesta que no está fundada en un programa y que por lo tanto no establece sus propias perspectivas. En la capital del Argentinazo ganó López Murphy, lo que significa nada menos que Patricia Bullrich, su mentor Antonito De la Rúa, Enrique Mathov, es decir, los "sushi". Se podría decir que un sector porteño inventó el domingo el voto "auto-castigo".

La vigencia de la rebelión popular, sin embargo, no pasa total o necesariamente por el voto y menos por el voto en blanco. La huelga general en defensa de Zanón, las movilizaciones por Brukman, la imponente marcha piquetera del miércoles 16 y la movilización igualmente masiva en La Plata por la expropiación de Sasetru, no son indicadores menos confiables de la situación política que los resultados electorales. Por eso, el derrumbe del voto en blanco pone de manifiesto la colosal derrota de los que llamaron a algún tipo de abstención, sin poder en ningún momento ocupar el menor lugar en la lucha política.

A diferencia de la estéril posición votoblanquista, la participación del Partido Obrero en la campaña electoral nos permitió desarrollar una batalla política y desenvolver un programa. Las elecciones confirmaron nuestra caracterización de que el abstencionismo no tenía vigencia política. Más allá del escaso resultado electoral, la lucha que dimos en el campo electoral servirá seguramente para impulsar y ganar las luchas futuras por la sencilla razón de que nos permitió desarrollar una amplia denuncia política y confrontar nuestras caracterizaciones, planteos y perspectivas con los referentes fundamentales de la burguesía. Los votoblanquistas adoptaron, en realidad, una posición de neutralidad política, dejaron libre a los explotadores un campo de confrontación y de batalla y, por sobre todo, jugaron contra la izquierda que fue a dar la lucha en el terreno electoral. Los votoblanquistas cavaron su propia fosa cuando, además, anticiparon que concurrirán a las elecciones locales que están previstas hasta fin de año. Es decir que luego de haber rechazado los condicionamientos "fraudulentos" de la elección nacional, aceptan los aún más restrictivos de las elecciones provinciales o municipales. En estas últimas tendrán un lindo pretexto para no hablar del desconocimiento de la deuda externa, de la confiscación de los bancos, del reparto de las horas de trabajo por la vía de la suspensión del monopolio capitalista de contratación laboral, o incluso del salario mínimo igual al costo de la canasta familiar. Esgrimirán los condicionamientos municipalistas para seguir escondiendo su completa adaptación al presente régimen político.


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